Anita Garibaldi - Artículo del diario El Litoral

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Ana María de Jesus Ribeiro da Silva también conocida como Anita Garibaldi, nació en Laguna, Santa Catarina, Brasil, el 30 de agosto de 1821, hija de descendientes de inmigrantes de las Azores Maria Antónia de Jesus y Bento Ribeiro da Silva. Falleció en Mandriole de Rávena, Italia, el 4 de agosto de 1849. Fue la célebre y combativa esposa de Giuseppe Garibaldi, apodada la "Heroína de los Dos Mundos"(a).


Nota publicada en el diario El Litoral

de Santa Fe
http://www.ellitoral.com.ar
Viernes 22 de agosto de 2003
 

La "brunetta"(*) de Garibaldi

Por Ana María Zancada

En la historia del mundo hay mujeres que ganaron un espacio por personal protagonismo en una causa o persiguiendo un ideal. Hay otras que unieron su historia al amor de un hombre convirtiendo ese sentimiento en el leiv-motiv de su vida.

Tal el caso de Anita Garibaldi. Ni siguiera se la recuerda por su nombre hecho simbiosis con el del hombre que la arrastró a través de la historia. Nació el 30 de agosto de 1821 como Ana María de Jesús Ribeiro, en Laguna, entonces una pequeña aldea de la isla de Santa Catarina, en Brasil. La niña ágil y vivaz se transformó en una hermosa joven de piel morena, grandes ojos negros, esbelta, decidida, llena de vida.

Su tendencia a la libertad comenzaba a dar que hablar en la aldea, de modo que su madre, en secreto acuerdo con el párroco del lugar, decidió que era hora de buscar un marido para Aninha. La elección cayó sobre Manuel Duarte de Aguiar, un oscuro zapatero del lugar, hombre gris, callado y retraído, unos años mayor que la niña.

El casamiento tuvo lugar el 30 de agosto de 1835, el día que Aninha cumplía 14 años. La madre se consideraba satisfecha. Había resuelto el problema de la joven, además consideraba que también ayudaría un poco a su escasa economía. Pero las cosas no siempre resultan como se planean.

Por esos días, el Brasil se debatía entre monárquicos y republicanos. El zapatero Duarte adhería al Imperio, cosa que molestaba bastante a su joven y díscola mujer. Había fracasado en su intento de recluir a Aninha en una vida doméstica monótona y sin alternativas. Además comenzaba a ser rechazado en el lecho matrimonial lo que lo tornó más reconcentrado, volcándose a la bebida. Finalmente en 1837, monárquico convencido, se alistó con las tropas imperiales y abandonó a su mujer que por cierto no lamentó para nada la situación.

El destino de ojos azules

Giuseppe Garibaldi había nacido en Niza en 1807. Luego de unos años azarosos se embarcó hacia América del Sur. Ya en Brasil, una tarde en que desde una embarcación recorría la costa con sus catalejos, divisó una silueta morena y graciosa que se desplazaba por la playa. No podía imaginar en ese momento que su vida quedaría ligada para siempre a esa muchacha montaraz que dejaba despeinar sus oscuros cabellos por la brisa suave del mar.

Seducido por la imagen de la joven, bajó a tierra dispuesto a encontrarla y cuando lo hizo, no tardó en tomarla de las manos y apasionadamente le declaró: "Tu devi essere mía!". Con estas palabras se sellaba un pacto de amor que cubriría dos mundos.

Anita, como él la llamaría desde entonces, se transformó en su sombra. No importó su condición de mujer casada, su esposo hacía dos años que no daba señales de vida, los dos corazones comenzaron a latir unidos apasionadamente. Ninguna fuerza humana podría ya separarlos. Pero él tenía que seguir su destino de aventurero revolucionario, tenía que partir e intentó despedirse de Anita. Ella insistió en acompañarlo y así comienza su historia de brava amazona.

Incorporada a las fuerzas revolucionarias de su amado participa valientemente en los combates. Una vez era una aguerrida marinera que cargaba cañones y luchaba cuerpo a cuerpo, otra, confundida con los cuerpos despedazados por la metralla, se erguía cubierta de sangre, blandiendo su espada. Los hombres comenzaron a respetar a esa brava y hermosa joven que arriesgaba su vida en la batalla detrás de su líder. Cuando dejaba las armas, volcaba su ternura consolando a los heridos y por las noches, se transformaba en la ardiente amante del italiano de ojos azules.

El primer hijo

La lucha era dura y despareja para los republicanos. Luego de muchas vicisitudes Garibaldi se repliega con sus topas. En medio de privaciones, sin un médico que la asista, en una humilde casa de unos amigos, Anita da a luz a su primer hijo, Menotti. Sería el único brasileño. Era el 16 de setiembre de 1840. Pero los soldados imperiales acechaban el lugar. Garibaldi había tenido que partir hacia una población vecina y Anita, sabiendo que la buscaban para hacerla prisionera y temiendo por la vida de su hijo no dudó en escapar en plena noche. Envolvió al bebé en una manta, montó a caballo y escapó sin importarle el frío y la lluvia. Cuatro días estuvo escondida, alimentándose con raíces y frutos silvestres, hasta que pudo reunirse con Garibaldi.

Un año después llegaron a Montevideo donde por ese entonces estaban refugiados muchos militares y pensadores del movimiento carbonario, defensores de la unidad italiana.

Allí decidieron oficializar su relación y se casaron el 26 de marzo de 1842. Anita nunca declaró su casamiento anterior. Fueron los únicos años de relativa calma de la pareja. Para poder mantener a su familia, Garibaldi se dedicó a la enseñanza de las matemáticas en un colegio. Anita, convertida en una pacífica ama de casa, criaba a sus hijos. En una humilde casa cerca del puerto, tuvo tres más. En noviembre de 1843 nació Rosita, en 1845 Teresita y en 1847, Ricciotti (1).

En vísperas de la Navidad de 1845, la pequeña Rosita, de tan sólo dos años, murió en los brazos de su desesperada madre, víctima de una infección en la garganta. Anita no pudo ganar esta batalla.

En su estadía en Montevideo, la joven entabló una sincera amistad con la esposa del presidente Rivera, Bernardina Rivera. Esto le ayudó a soportar las largas ausencias de su marido y también a reconfortarla de las infidelidades del apuesto guerrero. Garibaldi tenía ya una fama que lo precedía, sumada a su elegante porte de europeo rubio.

La patria llama

Pero llegó el momento de retornar a Italia. Anita es ya toda una mujer, hermosa y culta, habla varios idiomas y se esfuerza por ser digna compañera de su esposo.

La familia parte de Montevideo en 1848. Su destino es Niza, para conocer a la abuela paterna. Garibaldi lo hace dos meses después. Deja atrás doce años de lucha en América.

En Europa, Anita hace suya la causa de su marido. Los austríacos, franceses y españoles eran los invasores que impedían la unidad de Italia. Pero nada era fácil, las facciones desconfiaban entre sí y no hay otra salida que la lucha armada.

Estando en Milán, Garibaldi se pone al frente de las tropas mazinistas pero es derrotado en la batalla de Luino. Anita por supuesto estaba a su lado, cuando una bala mata a su caballo. Garibaldi, viéndola caída, vuelve grupas y a sable partido se abre paso entre los austríacos, llega hasta ella y la salva(2). Este episodio nos recuerda a otro similar vivido por Ramírez y su Delfina en suelo entrerriano.

El 9 de febrero de 1849 se proclama la República Romana y la pareja se instala transitoriamente en la ciudad de Reti donde disfrutaron de unos días de paz. El mundo parecía distinto. Anita estaba feliz. Es en estos días que conciben su quinto hijo. Pero esta bonanza dura poco. Garibaldi al frente de las tropas que defienden Roma insiste para que Anita retorne a Niza con los niños.

El final

Garibaldi muy pronto se ve rodeado por las tropas austríacas, francesas, napolitanas y del mismo Vaticano. La lucha iba a ser hasta la muerte.

Anita en Niza se desespera y nuevamente parte en auxilio de su marido. Pero esta vez estaba en su quinto mes de embarazo. En Tarquinia, a 100 km de Roma, tiene que detener su carruaje. No puede avanzar más por la carretera. Entonces no duda en seguir a caballo. Burlando la vigilancia de austríacos y franceses, cabalgando decenas de kilómetros, cruza la Toscana, Umbría y el Lacio y finalmente entra en Roma. Cuando Garibaldi la ve, exclama: "Señores, ésta es Anita, mi mujer íTenemos un soldado más!".

Anita estaba agotada. Sin embargo, con gran esfuerzo, se levanta del improvisado lecho y se dispone para la batalla final que fue encarnizada. Montada en un caballo bayo, el pelo corto cubierto con un sombrero emplumado, botas de montar, vestía un traje de legionario que mal disimulaba su gravidez. En la cintura sujetaba una pistola de un lado y una pequeña espada del otro. Así acompañó a su esposo en la retirada el 2 de julio de 1849. Comenzaba un postrer y sacrificado camino. Sus fuerzas se iban debilitando pero no quería dejar a su esposo. Anita sentía que sus fuerzas la abandonaban. No quiso quedarse en San Marino e insistió en continuar camino hacia Venecia. En una última carta dirigida a su hermana, sintiendo ya próximo el final dice: "Ahora estoy aquí al final del camino... ¿Qué haría si naciese de nuevo? Lo mismo!".

Pero ya no quedaban fuerzas en ese cuerpo bravío. Hacía días que no sentía mover a su bebé. Sabía que estaba muerto. El vientre se hinchaba. Ya no podía mantenerse sobre su caballo. Su rostro se ensombrecía cada vez más y la fiebre la sumía en períodos de semi-inconciencia. Anita se moría.

Cerca de Ravena, en una humilde casa que les dio abrigo, Garibaldi cierra los ojos de la bravía mujer con la que compartió tantas horas de lucha y sacrificio. Allí quedaba la alegre Aninha, lejos de sus luminosas playas brasileñas, lejos de sus hijos, muy sola en la muerte. Eran las 19.45 del sábado el 4 de agosto de 1849.

Ni siquiera pudo descansar después de esto ya que su cuerpo fue sepultado siete veces hasta su destino definitivo en Roma bajo un monumento erigido a su esposo. En 1882 moría Garibaldi siendo sepultado en su isla, Caprera, cerca de Cerdeña. Ni siquiera en la muerte pudo lograr un definitivo lugar cerca del amor de su vida. Pero su nombre quedó unido para siempre al del héroe italiano. Su amor fue desmesurado y avasallador. ¿Pero alguien podría juzgarla y condenarla?
 

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(*) Morocha

Fuentes:
(a) http://es.wikipedia.org/wiki/Ana_Maria_de_Jesus_Ribeiro 
1)
Anita. A guerreira das Repúblicas. Adilcio Cadorín. Primera edición 1999.
2) Obra citada.

Agradezco a María Teresa Biagioni el envío de la nota

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